Encerrada en una burbuja, condenada “a voluntad” a permanecer en una reducida burbuja de cristal transparente, constituida por una fina lámina que la separaba de la evolución dinámica del la vida. Ésta barrera actuaba reduciendo y concentrando sus inquietudes, la aislaba de la influencia positiva o negativa de un entorno excitante pero hostil. El habitáculo que conformaba la burbuja, delimitaba su mundo interior infranqueable. En ausencia de contacto con el exterior, observar a través del cristal a aquellos quienes la rodeaban, suponía su única distracción. Allí, a pesar del su aislamiento, ella era capaz ver la continua circulación del flujo de sentimientos de los que estaban a su alrededor. Aquellos extraños que nunca pudo conocer, y como una mera observadora de estrellas desde un catalejo y con un prisma demasiado subjetivo, intentaba cautelosa y furtivamente aproximarse a ellos. Al principio como si de un telescopio se tratase, como aquél el que pone el ojo en un ocular, solo era capaz de apreciar un fondo oscuro, pero al acercarse más y más, este se convertiría en un increíble mundo de imágenes. Desde una proximidad ficticia intentaba captar sus preocupaciones, sin tomar parte en sus vidas y sin querer con ello hacerlas propias. Desde una visión muy particular, enfocaba una y otra vez, consiguiendo poco a poco hacer las impresiones, sentimientos y emociones más y más nítidos. A partir de ellos intentó crear una imagen mental de la causa de sus preocupaciones y observó con detalle si a través de su conducta podía averiguar algo más acerca de como eran. Al principio extremadamente confusa, solamente miraba hacia el infinito, porque era incapaz de fijar su atención en alguien en concreto.Le resultaba imposible lograr seguir a alguno, y cuando creía haberlo logrado, perdía su rastro en el horizonte, pero repentinamente sin querer y sin mover la vista se encontraba con otro que en segundos volvería a extraviar, y así una y otra vez. Tras recorrer la multitud de individuos que conforman un colage cromático dentro de la aglomeración que se agolpaba tras el objetivo, se fijó en uno. De él le llamaba la atención la desgarbada forma de hacerse camino entre el resto. Aquél individuo caminaba sin rumbo y no hacia más que evitar a otros que se cruzaban en su camino, como si él en realidad fuese un intruso, obligado a desplazarse entre el espacio libre que otros dejaban a su paso. Le bastaron unos minutos de observación, para averiguar y ahondar en todo lo que pasaba por la cabeza del desconocido. Ella quería decirle que quería ayudarle, que podía entenderle pero dentro de su burbuja estaba incomunicada y no había nada que pudiese hacer para ayudarle. A cada intento por gritarle algo, el eco de su voz rebotaba una y otra vez contra el cristal, y cada vez con menos intensidad hasta que se desvaneció por completo. Entonces ella se sintió impotente, de pronto no lo parecía tan buena idea estar allí enclaustrada. No sabía que podía hacer, pero pronto se rindió, allí dentro no había salida, así que se arrodillo y comenzó a llorar. Permaneció un rato allí inmóvil en la misma postura. Había pasado de nada al todo, y de nuevo a la nada. Por un instante pensó que habría logrado salir del retiro en el que había sido excluida, y tomar contacto con el exterior, pero estaba equivocada. Se dió cuenta que en principio lo que había considerado como un poder maravilloso, no era tal y como había previsto, si no lo podía utilizar para ayudar, no era útil si nadie la oía. Amargada, desencantada y un poco decepcionada empezó a reincorporarse, paso la mano por el borde de los párpados para secar las lágrimas, y a la vez borrar el rastro de lo acontecido, pero al hacerlo se dió cuenta de que no había rastro de NADA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario